Conversación con mujeres que abrieron camino en el liderazgo empresarial iberoamericano
Durante décadas, se habló del “techo de cristal” como la barrera invisible que impedía a las mujeres acceder a los puestos más altos de poder. Hoy, muchas lo han roto. Pero el verdadero desafío —coinciden las protagonistas— empieza después: cómo sostener el liderazgo, abrir espacio a otras y transformar la cultura empresarial desde adentro.
El logro individual ya no alcanza
“Romper el techo de cristal fue solo el primer paso. Ahora hay que construir nuevos techos, pero con ventanas abiertas”, dice María Fernanda Mejía, ex vicepresidenta global de Kellogg’s, quien durante más de dos décadas lideró equipos en América y Asia.
En una entrevista con Forbes Colombia, Mejía subrayó que “la diversidad no es un favor ni una cuota, sino una estrategia de crecimiento” —una idea que hoy se refleja en las políticas de muchas corporaciones de la región.
Según el Informe Global de Brecha de Género 2024 del World Economic Forum, las mujeres ocupan apenas un 32 % de los cargos directivos en Iberoamérica, pese a que representan más del 50 % del talento universitario. La cifra mejora lentamente, pero sigue mostrando que romper el techo no garantiza igualdad estructural.
“Llegar no es suficiente. Lo importante es cambiar las reglas del juego para que otras lleguen también”, afirma Mariana Costa Checa, fundadora de Laboratoria, la organización peruana que forma mujeres en tecnología y liderazgo digital.
Liderar desde la autenticidad
Una característica común entre las mujeres que abrieron camino en el liderazgo empresarial iberoamericano es que no buscaron encajar, sino transformar.
La española Ana Botín, presidenta del Banco Santander, lo expresó claramente en una charla de Harvard Business Review: “Cuando llegué a la presidencia, me pidieron que fuera más ‘dura’. Pero entendí que lo que necesitaba era ser más yo misma.”
Su estilo de liderazgo, basado en cercanía y empatía, fue clave para reposicionar la marca y ganar la confianza de nuevos públicos.
De manera similar, Luiza Trajano, fundadora de Magazine Luiza (Brasil), ha impulsado una revolución cultural dentro de su empresa, integrando programas de equidad de género, diversidad racial y capacitación comunitaria. En 2023, la revista Time la incluyó entre las 100 personas más influyentes del mundo.
“Mi liderazgo nace de la escucha —dijo en una conferencia reciente—. No se trata de tener poder, sino de multiplicarlo.”
La nueva generación: liderar con propósito
Las jóvenes líderes iberoamericanas están creciendo con otra mentalidad: no quieren solo llegar arriba, sino cambiar el sentido de estar ahí.
La mexicana Rebeca Hwang, emprendedora e inversora de impacto, sostiene que “el liderazgo femenino del futuro será colaborativo, circular y conectado con el bien común”.
Mientras tanto, iniciativas como “SheWorks!”, de la argentina Silvina Moschini, están rediseñando el trabajo remoto para empoderar económicamente a mujeres en todo el mundo.
En España, programas como Promociona —impulsado por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE)— acompañan a ejecutivas que buscan dar el salto a la alta dirección con mentorías personalizadas y redes de apoyo.
El enfoque es claro: no basta con ascender, hay que generar comunidad.
La sororidad como estrategia empresarial
Cada mujer entrevistada coincide en algo: ningún logro individual tiene sentido si no se traduce en oportunidades colectivas.
El liderazgo femenino sostenible se basa en sororidad estratégica: apoyar, visibilizar y recomendar a otras mujeres, especialmente en entornos tradicionalmente masculinos.
Un ejemplo de esto es el programa “Mujeres al Mando” de BBVA, que promueve redes internas de apoyo y formación entre ejecutivas y jóvenes talentos.
En América Latina, la Red de Mujeres Líderes por la Sostenibilidad impulsa espacios de encuentro entre directivas de distintas industrias para compartir aprendizajes y promover cambios sistémicos.
“El verdadero liderazgo femenino no compite, colabora. No excluye, incluye”, resume Mejía.
Más allá del éxito: el legado
Romper el techo de cristal no es una medalla, sino una responsabilidad intergeneracional.
Las líderes pioneras saben que su historia será el punto de partida de otras.
Por eso, muchas están dedicando parte de su carrera a mentorías, fundaciones o proyectos educativos.
Como dice Mariana Costa, “una mujer que llega sola, llega rápido; pero una que llega acompañada, transforma el camino para siempre”.
La tarea ahora no es solo ocupar lugares de decisión, sino redefinir el poder: hacerlo más humano, más horizontal y más consciente del impacto que deja.
La generación que rompió el techo de cristal cambió el curso del liderazgo. Pero las que vienen detrás —más diversas, más preparadas y más conectadas— serán las que cambien el significado mismo de lo que entendemos por éxito.
Romper el techo fue el comienzo.
Construir un nuevo cielo, compartido y más justo, es el verdadero destino.

















