Katya Echazarreta: ingeniería, divulgación y primera vez en el espacio

Katya Echazarreta: ingeniería, divulgación y primera vez en el espacio

Katya Echazarreta, ingeniera mexicana en el espacio, miraba el cielo desde pequeña con la misma fascinación con la que otros contemplan una obra de arte: con preguntas profundas, con una mezcla de asombro y determinación. Nacida en Guadalajara, Jalisco, su camino no fue convencional ni fácil, pero esa curiosidad persistente y esa fuerza interna la llevaron a convertirse en la primera mujer nacida en México en viajar al espacio, un hito que hoy resuena con fuerza entre niñas y jóvenes que sueñan con desafiar límites.

La historia de Katya Echazarreta ingeniera mexicana en el espacio no empieza en un laboratorio elegante ni en una cabina de astronauta, sino en sus primeros años, cuando su familia emigró al sur de California y ella se enfrentó a la barrera del idioma y a la necesidad de adaptarse a un mundo nuevo. Aprender inglés fue solo el primer desafío; el verdadero reto fue seguir sintiendo que el espacio era un lugar al que también podía aspirar alguien que crecía entre dos culturas.

Su pasión por la ingeniería eléctrica la llevó primero a estudiar en el San Diego City College, luego a la prestigiosa Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y finalmente a integrarse a algunos de los proyectos más ambiciosos de la NASA en el Jet Propulsion Laboratory. Allí participó en cinco misiones, entre ellas las vinculadas con el rover Perseverance en Marte y la misión Europa Clipper, trabajos que implican el diseño, la validación y la prueba de sistemas complejos destinados a operar en entornos extremos.

Sin embargo, el momento que la catapultó al imaginario colectivo fue su selección por Space for Humanity —una organización que busca democratizar los viajes espaciales— para volar en la misión Blue Origin NS-21 el 4 de junio de 2022. Entre más de siete mil postulantes, Katya fue elegida para experimentar el “overview effect”, ese cambio profundo de perspectiva que describen quienes observan la Tierra desde afuera, y lo hizo llevando consigo no solo una bandera, sino el legado simbólico de todas las mujeres que han luchado por un lugar en la ciencia y la tecnología.

La experiencia suborbital, aunque breve en tiempo, fue inmensa en significado. Marcó un quiebre en términos de representación y encendió una chispa entre quienes rara vez se ven reflejados en los relatos científicos dominantes. Desde su regreso, Katya Echazarreta como ingeniera mexicana en el espacio ha transformado su voz en una herramienta de inspiración y en un puente hacia el futuro. Fundó la Fundación Espacial Katya Echazarreta con el objetivo de abrir oportunidades educativas, especialmente para mujeres y comunidades históricamente excluidas, y ha utilizado sus plataformas para traducir conceptos complejos de ciencia e ingeniería en conocimiento accesible.

Pero su impacto va más allá del récord histórico o del logro tecnológico. Katya ha hablado con honestidad sobre las dificultades de ser mujer en un campo tradicionalmente dominado por hombres, sobre las veces en que tuvo que redefinir qué significaba “parecerse a un ingeniero” y sobre cómo cada obstáculo terminó convirtiéndose en un peldaño para otras. Esa franqueza, sumada a su cercanía, la ha consolidado como una mentora natural, no solo por su experiencia profesional, sino por su compromiso con visibilizar los caminos posibles para quienes vienen detrás.

En cada charla, en cada video educativo y en cada encuentro con estudiantes, Katya no se limita a compartir conocimiento técnico. Ofrece, sobre todo, una narrativa de posibilidad: la idea de que el espacio no es únicamente un destino físico, sino una metáfora de las aspiraciones que cada niña y cada joven puede alcanzar. Su historia recuerda que la ingeniería y la exploración no son territorios ajenos, sino espacios construidos con curiosidad, coraje y la decisión de convertir los sueños en acción.

Hoy, Katya Echazarreta no es solo un nombre asociado al espacio. Es un símbolo vivo de cómo la ingeniería, la mentoría femenina y la divulgación científica pueden entrelazarse para transformar miradas y abrir horizontes. Su ejemplo invita a imaginar no solo lo que existe más allá de la atmósfera, sino todo lo que aún puede construirse desde aquí para que más voces, más mentes y más corazones se animen a mirar hacia arriba y dar el próximo gran paso.

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