Ada Colau: liderazgo que escucha y política del cuidado

Ada Colau: liderazgo que escucha y política del cuidado

De luchadora por el derecho a la vivienda a figura global de referencia: Ada Colau ha transitado por la política mientras reivindica un liderazgo basado en la empatía, la escucha y el cuidado. En esta conversación reveladora, explora su visión política, sus fracasos, sus aprendizajes y su apuesta por una democracia más humana.


Un origen en la urgencia del desahucio

Ada Colau Ballano (Barcelona, 3 de marzo de 1974) emergió en la arena pública como una de las voces más visibles del movimiento anti-desahucios. En 2009 fue cofundadora de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), desde la cual articularon estrategias colectivas para paralizar desalojos y forzar reformas legislativas.

Su activismo le otorgó legitimidad social antes que partidaria, y esa raíz sigue marcada en su estilo: una política que no se eleva sobre sino desde las urgencias de quienes habitan la ciudad. Al asumir como alcaldesa de Barcelona en 2015 —la primera mujer en ese cargo— su proyecto se centró en poner en el centro las personas: vivienda digna, redes de apoyo social y participación comunitaria.


Política del cuidado: una brújula para lo público

Para Colau, gobernar no consiste sólo en gestionar infraestructuras: debe leerse como cuidar —cuidar el espacio público, cuidar las redes comunitarias, cuidar a quien está en vulnerabilidad. Su propuesta de política del cuidado recupera lo que suele invisibilizarse: el trabajo de cuidados, la salud emocional, la convivencia vecinal.

Esa lógica atraviesa medidas como la reorganización de servicios sociales, la apuesta por la vivienda pública con criterios de justicia urbana, y la creación de espacios de participación ciudadana que no sean instrumentos simbólicos, sino de toma de decisiones reales.

Pero el desafío es enorme: equilibrar las demandas inmediatas y urgentes con el horizonte de transformación estructural. ¿Cómo mantener la coherencia en un sistema político que premia lo visible y rápido? Colau responde con franqueza: “las prioridades son urgentes, pero nunca deben hacernos olvidar que todo cambio profundo demanda tiempo y voluntad sostenida.”


La caída política y el reinicio público

Tras dos mandatos, en las elecciones municipales de 2023 Barcelona dio un giro político: Colau no consiguió revalidar la alcaldía. Pero lejos de alejarse del espacio público, ha redefinido su papel: ahora como referente, impulsora de iniciativas sociales y volcándose aún más hacia causas globales.

En la actualidad participa activamente en la Flotilla Global Sumud, embarcación humanitaria hacia Gaza, desde donde denuncia bloqueos bélicos y exige corredores humanitarios. Durante la expedición ha relatado acercamientos militares, interrupciones en comunicaciones y tensión constante con el poder militar israelí. Para Colau, esta acción no es simplemente simbólica: es una extensión de su compromiso político, una apuesta por la justicia internacional como dimensión inseparable de la política local.


Desafíos del liderazgo: tensiones y dilemas

Una de las tensiones más fuertes que vivió Colau fue el balance entre pragmatismo y radicalismo: cómo negociar con estructuras políticas hegemónicas sin perder la brújula ética. En su gestión municipal tuvo que enfrentar resistencias institucionales, conflictos internos de coalición y presiones de lo socioeconómico.

Otro dilema que reconoce es el del poder personal: “liderar escuchando” implica cuidarse a sí misma para no reproducir lógicas de desgaste que tanto critican las mujeres líderes.  También la polarización es un reto. En el contexto urbano y mediático, cualquier crítica se magnifica; sostener una voz propia exige valentía y resiliencia, especialmente para quienes ya somos blanco del escrutinio público.


Legado y lecciones para nuevas generaciones

El legado de Colau no se encierra en mandatos o gestión, sino en estilo: poner la conversación como método, hacer tangible la escucha, reivindicar lo que otros han invisibilizado. Su trayectoria enseña que la transformación política también se cultiva desde lo cotidiano.

Para quienes vienen atrás, sus lecciones son:

  1. no abandonar las raíces sociales;

  2. no tener miedo a politizar la empatía;

  3. cultivar redes de apoyo más allá de los mecanismos institucionales;

  4. asumir que el liderazgo es proceso colectivo, no un pedestal individual.

Hoy, mientras surca mares hacia Gaza o analiza crisis globales, Colau sigue activa como voz crítica. Su liderazgo no reside sólo en haber sido alcaldesa, sino en seguir reclamando que lo público sea cuidado y que la política honre la fragilidad de lo humano.


Cierre reflexivo / reflexión final
Ada Colau nos recuerda que el liderazgo no es una corona, sino un tejido de responsabilidad compartida. Que gobernar debe leerse como cuidar, que la política auténtica habla con quienes están lejos del poder, y que nadie debe olvidar: los derechos se mantienen vividos cuando otras manos los sostienen.

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