Economía de impacto: cuando el éxito también mide bienestar

Economía de impacto: cuando el éxito también mide bienestar

Una nueva visión del negocio

El ecosistema empresarial está viviendo una transformación urgente: el éxito ya no se mide únicamente en cifras de crecimiento o rentabilidad, sino en bienestar, sostenibilidad y valor compartido. En este contexto, la «economía de impacto» ha tomado cuerpo como modo de hacer empresa que integra los aspectos sociales, ambientales y financieros en su hoja de ruta. Lideran este cambio muchas mujeres en España y Latinoamérica que, desde startups o compañías consolidadas, demuestran que el negocio puede funcionar con propósito y escala.

Informes globales como los elaborados por el World Economic Forum (WEF) subrayan que la inversión de impacto ha dejado de ser nicho para consolidarse como parte de la estrategia empresarial.  En paralelo, centros académicos como el IE Business School destacan la dimensión cultural que este tipo de modelos genera: una organización con métricas ESG (environmental, social & governance), equipos diversos y dirección con visión global. Esta confluencia de factores reivindica que el negocio ya no es solo para accionistas, sino para comunidades, para personas y para el planeta.

Y aunque los obstáculos persisten —tal como señalan medios como Expansión en su sección de responsabilidad social— lo que era excepción está comenzando a verse como la norma emergente: empresas lideradas por mujeres que construyen modelos de triple impacto (económico + social + ecológico). Estas empresarias no conciben la rentabilidad como rival del bienestar: lo integran.


Liderazgo femenino, propósito y crecimiento

Lo que distingue a estas mujeres es que suelen conectar tres dimensiones: visión estratégica, sensibilidad hacia el entorno y disciplina empresarial. En sus trayectorias conviven una formación sólida, la experiencia en corporaciones tradicionales y la decisión de fundar o liderar empresas con nuevo código. En España, muchas directivas están revisando las métricas de sus compañías para que incorporen objetivos sociales y medioambientales junto a los financieros. En Latinoamérica, donde los retos estructurales son mayores —infraestructura desigual, brechas de acceso, desregulación— las empresarias de impacto se sitúan en la intersección de innovación, comunidad y escala.

Estas líderes enseñan que la inversión responsable no se limita a donar o compensar, sino a diseñar negocios que funcionen con un propósito intrínseco desde el día uno. La rentabilidad y el bienestar colectivo no son bandos opuestos, sino componentes complementarios de un ecosistema empresarial regenerativo.

Asimismo, a la hora de captación de capital, el enfoque de impacto cambia la narrativa. No se trata solo de convencer al inversor de que crecerás rápido, sino de que crecerás bien: con transparencia, con métricas de impacto y con sostenibilidad como pilar estratégico. Y allí, el liderazgo femenino aporta una ventaja diferencial: apertura al riesgo social, gestión colaborativa, sensibilidad hacia entornos diversos y capacidad de movilizar ecosistemas locales.


Tres retos ineludibles

Medición y estándares: Las métricas de impacto siguen siendo fragmentadas y poco comparables. Una empresa puede integrar criterios sociales, otro enfoque ambiental, otro modelo de gobernanza, pero aún falta estandarización global. Según datos que analiza el GIIN (Global Impact Investing Network), solo un 27 % de los inversores de impacto destinan más del 30 % de sus activos a empresas lideradas por mujeres.
Escalabilidad sin perder esencia: Muchas iniciativas nacen con propósito, pero al crecer enfrentan presión competitiva, necesidad de capital convencional y desafíos operativos que pueden erosionar la misión.
Equidad en acceso al capital: A pesar del auge del impacto, las mujeres siguen recibiendo una fracción del capital disponible. Esto limita la expansión de proyectos de impacto femenino-liderados.

Enfrentar estos retos exige una combinación de estrategia empresarial, redes de apoyo robustas y políticas que reconozcan que la rentabilidad del siglo XXI se mide también en impactos.


Oportunidades transformadoras

El momento es fértil. Los mercados globales y locales reconocen que la sostenibilidad ya no es un costo extra, sino una ventaja competitiva. Las empresas que incorporan impacto disfrutan de mayor fidelidad de clientes, mejores métricas de retención, menor rotación de personal y mayor resiliencia frente a crisis.
Para España y Latinoamérica, donde la diversidad y la urgencia de transformación social son factores distintivos, hay una ventaja: diseñar modelos de impacto con identidad cultural, con escala regional y con relevancia global. Las mujeres que lideran estas empresas están demostrando que se puede inventar un nuevo camino: uno que conecte capital, talento, propósito y comunidad.

En suma: la economía de impacto no es innovación decorativa, es la redefinición del negocio. Y las mujeres están en la vanguardia.

Te puede interesar

Nuestras Periodistas